sábado, 3 de septiembre de 2011

Pues bien, no hay fuego que nos consuma más rápidamente que el del resentimiento, el despecho, la susceptibilidad enfermiza, la impotencia de vengarse, la envidia, la sed del odio; los anteriores son fuertes venenos. Y para el ser fatigado constituyen unos peligrosos reactivos. Ocasionan un rápido desgaste de energía nerviosa, un aumento considerable de secreciones perjudiciales, de bilis en el estómago, por ejemplo.

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