A veces la gente aparece en tu vida y sabes de inmediato que estaban destinados a estar allí, para cumplir algún tipo de propósito, enseñarte una lección o para ayudar a averiguar quién eres y quién quieres llegar a ser. Nunca sabes quiénes pueden ser estas personas, pero cuando tu mirada se encuentra con la de ellos, sabes en ese preciso momento que afectarán tu vida de la manera más profunda.
Aprendí que los amores eternos pueden terminar en una noche. Que grandes amigos pueden volverse grandes desconocidos. Que el amor no tiene la fuerza que imaginé. Que nunca conocemos a una persona de verdad. Que todavía no inventaron nada mejor que el abrazo de Mamá. Que el “nunca más” nunca se cumple, y… Que el “para siempre”, siempre termina.
A veces me pierdo en mis propias teorías, en mis propios finales y conclusiones de lo que pasó o pudo haber pasado. Pierdo amigos, hago amigos, enemigos todos los días. De todos modos, todavía voy a ser yo.
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